Transición: pérdidas y ganancias

Vera B. Dakova; Regina Indshewa
WAD

El proceso de transición de la economía de planificación central a la economía de mercado está llevando más tiempo de lo esperado y provoca sufrimientos, controversia y desilusión en la esfera social. Entre 1996 y 1997, la población búlgara tuvo que luchar para subsistir. En 1996, la inflación anual ascendió a 311% y la depreciación de la moneda representó 3.000%. Esta situación perjudicó severamente los ingresos de la gente, devaluó los ahorros y fomentó la pobreza generalizada. El salario mensual promedio descendió del equivalente de USD 110 en 1995 a USD 20 en los primeros meses de 1997. El poder adquisitivo de la población descendió a la mitad.

La redefinición del papel del Estado

En la Bulgaria anterior al período de transición, el Estado era propietario y controlaba prácticamente todos los ámbitos de la vida económica, política y social. Era el único propietario y el único empleador, y aseguraba así el empleo total (y obligatorio) para todos los trabajadores. El Estado dictaba una distribución de la riqueza relativamente igualitaria. Los servicios sociales se brindaban de manera uniforme y en cantidad, aunque no necesariamente en calidad.

La enseñanza era gratuita y la matricula primaria y secundaria representaba prácticamente el 100%. La atención médica también lo era. Otros incentivos sociales incluían: jubilación temprana (55 años para las mujeres, 60 para los hombres y 45 para algunas categorías de trabajo), jubilaciones prácticamente iguales al salario promedio, beneficios sociales, como licencia por maternidad paga por dos años, y estipendios para estudiantes universitarios. Se hacía especial hincapié en la igualdad entre hombres y mujeres y se fomentaba la participación de éstas en la actividad económica.

Pero todos estos servicios sociales se basaban en la ideología y no reflejaban la capacidad económica del Estado. La seguridad social se alcanzó mediante la masiva reorientación de los ingresos, lo que agotó los recursos económicos del sistema, que resultó completamente insostenible. En sus últimos años, el gobierno comunista contrajo una enorme deuda externa. El pago de la deuda en la actualidad confirma que los logros sociales del pasado eran, en realidad, «prestados». En 1996, el 63% del gasto del presupuesto estatal se destinó a cubrir los intereses de la deuda externa.

Con la disolución del bloque soviético en 1989, Bulgaria tuvo la oportunidad de adoptar nuevas opciones para el futuro. Desde entonces, cuatro parlamentos, nueve gobiernos y tres presidentes emprendieron un camino de desarrollo para sacar al país de la crisis económica e incorporarlo a la familia de las sociedades europeas modernas. Entre las reformas del gobierno, se incluyeron la formación de un sistema político pluralista (las primeras elecciones democráticas se celebraron en 1990), la adopción de una nueva constitución (1991), la defensa de los derechos humanos y de las libertades básicas, la liberalización de la economía, la reforma de la administración pública y el desarrollo de la sociedad civil.

Pese a un temprano entusiasmo, el proceso de democratización resultó difícil y desparejo. En los seis años posteriores a 1989, Bulgaria fue gobernada directa o indirectamente por poscomunistas que enlentecieron las reformas y que fueron ampliamente conocidos por su política económica dirigida a «nacionalizar las pérdidas y privatizar las ganancias» del sector económico, 80% del cual seguía siendo de propiedad estatal. Esta situación provocó la crisis más profunda de la historia búlgara moderna.

La erradicación de la pobreza

Entre 1996 y 1997, la población búlgara tuvo que luchar para subsistir. En 1996, la inflación anual ascendió a 311% y la depreciación de la moneda representó 3.000%. Esta situación perjudicó severamente los ingresos de la gente, devaluó los ahorros y fomentó la pobreza generalizada. El salario mensual promedio descendió del equivalente de USD 110 en 1995 a USD 20 en los primeros meses de 1997. Ello es sobremanera significativo, pues en el país son mínimas otras fuentes de ingreso menos afectadas por la inflación (el ingreso de la propiedad representa el 1,2% y el de la actividad empresarial el 6%).

Aunque con empleo, la gente padeció pobreza, dificultades e inseguridad. La cantidad de hogares con ingresos por debajo del nivel de subsistencia alcanzó el 54% en 1996; en 1990 había 41% de hogares por debajo del mínimo social, y 73% en 1996. El poder adquisitivo de la población descendió a la mitad, lo que modificó el consumo familiar: la parte del ingreso destinada a los alimentos aumentó de 36% en 1993 a 55,9% en 1997. La pensión mensual promedio disminuyó 65% entre 1990 y 1996. Drásticos cambios en el nivel de consumo y seguridad afectaron a hogares encabezados por mujeres, jubilados, familias con muchos hijos, personas discapacitadas e integrantes de minorías étnicas. La pobreza masiva fue un resultado inesperado de la transición y trajo consecuencias devastadoras para la población.

La pobreza va en aumento en los hogares dirigidos por mujeres, que comprenden el 21,4% del total y cuya cantidad sigue incrementándose gracias a la mayor esperanza de vida de éstas (el 63% de las personas de mayor edad son mujeres), al aumento de los divorcios y a la disminución de los matrimonios. La mayoría de los hogares dirigidos por mujeres (el 64,9%) son pobres según el estándar de pobreza absoluta, pero también son más pobres que los hogares encabezados por hombres. El empobrecimiento de las mujeres tiene sus raíces en la desigualdad estructural que existe entre los géneros, pero como por lo general esta situación no se reconoce, las intervenciones del gobierno para resolverla están condenadas al fracaso.

Otro fenómeno nuevo es la creciente brecha entre los niveles de ingreso: en 1996, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas, el 20% más rico de la población percibió un ingreso 5,8 veces más alto que el del 20% más pobre. Aunque se entiende que estas diferencias son inevitables en un contexto de libre mercado, la población manifiesta una fuerte desaprobación hacia la estratificación del ingreso y cree que todos deberían tener un comienzo igual e igualdad de oportunidades y que el Estado debería regular los ingresos.

¿Pleno (des)empleo?

El desempleo es un problema nuevo para los búlgaros y es el resultado de fuertes presiones.

La primera, fue la crisis económica, que obligó a recortar los subsidios de la industria, los empleos públicos y de la administración del gobierno, lo que redujo el personal al mínimo. La legislación que protege el empleo no se aplicó ni se modificó, y eso afectó especialmente a las mujeres del sector privado.

La segunda, fue el ajuste estructural iniciado tras el acuerdo de 1996 entre el gobierno y el FMI, que se aplicó plenamente entre 1997 y 1998. La reestructura de la economía exigió la privatización y el cierre de las empresas deficitarias, que causaron despidos masivos. El nivel de empleo en el sector público descendió 21,1%. El sector privado no estaba lo suficientemente desarrollado para absorber a los trabajadores expulsados por la reforma estructural. En 1996, sólo el 35,5% de la población económicamente activa tenía trabajo. A principios de 1998, el desempleo ascendía 14%. Como consecuencia directa del desarrollo económico, social y demográfico, cada trabajador en Bulgaria es responsable de mantener a cuatro personas.

De la «igualdad» a la equidad

El principio de igualdad entre hombres y mujeres era fundamental en la doctrina marxista y se consideraba que otorgaba a la mujer un acceso pleno y equitativo a la actividad económica fuera de la casa. Se argumentaba que la igualdad en el acceso al empleo conduciría, inevitable y automáticamente, a la igualdad en las demás esferas. Las mujeres ocuparon puestos de trabajo remunerado fuera de la casa por razones ideológicas, pero más importante aun, porque se necesitaba mano de obra barata. Aunque el principio «salario igual para una misma labor» se aplicó en la práctica y el Estado (como único empleador) concedió tasas salariales unificadas para todos los niveles y tipos de trabajo, las mujeres percibieron salarios inferiores. Pese a sus logros académicos, a las mujeres se les concedieron cargos marginales y posibilidades limitadas de avanzar en sus carreras. En consecuencia, para varias generaciones de búlgaras, el hecho de convertirse en «trabajadoras iguales» fue una experiencia frustrante.

Muchas instituciones, ONG y la población de Bulgaria creen que el problema de la igualdad de género está resuelto. No es una prioridad para la política actual de reformas. La defensa de los derechos humanos y sociales de las mujeres tiene cierto sabor «retrocomunista» y es vista como «reaccionaria» en el contexto de transición hacia la economía liberal de mercado.

El cambio democrático proporcionó a las mujeres nuevas oportunidades en tres sentidos importantes: las investigadoras y activistas pudieron reconceptualizar la igualdad entre hombres y mujeres y despojarla de las imágenes hipócritas creadas por la propaganda comunista; las mujeres pudieron organizarse en forma independiente para atender no sólo sus necesidades prácticas, sino también para defender sus intereses estratégicos; pudieron participar en procesos consultivos y de toma de decisiones a niveles local, nacional e internacional (principalmente en la ONU).

La transición hacia el libre mercado y la democracia también creó nuevas cargas para ellas e impuso nuevos obstáculos para la realización del potencial femenino en dos sentidos. El primero es el deterioro del estatus, que se manifiesta en pobreza, desempleo y violación de los derechos de la mujer como trabajadora, mayor violencia y violación de sus derechos humanos, mayores riesgos reproductivos y marginación política. El segundo es la marginación de la igualdad de género en la política nacional.

En este contexto resulta muy difícil desarrollar un discurso público sobre la mujer que sirva el propósito de lograr la equidad de género.

El ajuste estructural

Tras el colapso de la economía y el grave descontento cívico, el gobernante partido poscomunista se alejó del poder, convocó a elecciones legislativas y entregó el gobierno al opositor Fuerzas Democráticas Unidas. El nuevo gobierno se comprometió a cumplir un programa de estabilización, de reformas y de crecimiento económico. El 1 de julio de 1997, se adoptó un régimen de convertibilidad monetaria, por el que la moneda se rigió por el valor del marco alemán. El modelo superó la inflación, aumentaron las reservas de moneda nacional y se logró un ambiente económico más previsible. Sin embargo, las reformas monetarias no lograron el efecto deseado.

Las reformas de ajuste estructural relativas a la seguridad social y a los sistemas de asistencia social no son prioridad del gobierno; éste adoptó sólo medidas de corto plazo para paliar las consecuencias negativas que el ajuste estructural tuvo en amplios sectores de la sociedad búlgara.

De la utopía a la realidad

Durante el régimen socialista, el sistema educativo en Bulgaria era altamente centralizado, controlado y sujeto a constantes reformas. En el período poscomunista, no pudo utilizar los recursos y las oportunidades externas para mantenerse y desarrollarse. Hoy, las escuelas búlgaras tienen presupuestos restringidos, los maestros perciben bajos salarios y existen problemas de mantenimiento edilicio. Desaparecieron el almuerzo y el transporte escolar subsidiados, de especial importancia para los niños de zonas rurales y montañosas. Menos del 1% de los alumnos del primer al tercer nivel asisten a escuelas privadas.

La atención de la salud es el ámbito que padeció mayor deterioro en Bulgaria desde 1989. La otrora bien organizada red de instituciones médicas y profesionales calificados se encuentra bajo gran presión. El acceso garantizado al servicio médico está en vías de desaparecer: muchos centros de salud primarios y hospitales están cerrados o funcionan con capacidad reducida. El gasto gubernamental para la atención de la salud, como porcentaje del PBI, decreció entre 3 y 5% entre 1993 y 1997. Existen pocas instituciones médicas privadas y pocas personas que puedan pagarlas.

Como Bulgaria tardó en establecer un sistema de seguro médico, perdió la oportunidad de construir sobre los puntos fuertes del sistema existente y de adaptarse al cambio. Al considerarse la atención médica y la educación sanitaria responsabilidad conjunta de los gobiernos centrales y locales, la lenta reforma y la descentralización de la administración estatal agregan nuevas dificultades al desarrollo de un nuevo sistema de atención médica.

Un marco más fuerte para el desarrollo social

El gobierno asumió la responsabilidad de crear un ambiente socioeconómico adecuado para el desarrollo basado en la iniciativa privada como condición previa del crecimiento. El Programa Bulgaria 1997–2001 compromete al gobierno a emprender la estabilización financiera y económica, la privatización de las empresas estatales, el fomento de la empresa privada, la eliminación de la corrupción, la reforma administrativa y la descentralización.

El Programa es vago sobre la reforma social: el Estado debe limitar su función redistributiva y cesar en su rol paternalista. Eso ocurrirá, se argumenta, no por la filosofía neoliberal, sino porque ya no queda nada para redistribuir. Por tanto, el desarrollo sustentable y el desarrollo humano como conceptos estratégicos se consideran ajenos a la política de este gobierno.

El Programa Bulgaria 1997–2001 sustituyó un plan del gobierno anterior para crear «una economía moderna de mercado socialmente orientada» en la que los sectores público y privado compiten en igualdad de condiciones y con una fuerte regulación estatal en todas las esferas económicas y sociales, que era la base del Programa Nacional de Desarrollo Social (la respuesta búlgara a los compromisos asumidos en Copenhague) adoptado en 1996. El Programa de 1996 no se actualizó para reflejar las nuevas estrategias de desarrollo y no hay referencias al mismo dentro de las nuevas iniciativas gubernamentales.

Pérdidas de corto plazo, ganancias de largo plazo

La Bulgaria comunista tenía un nivel relativamente alto de seguridad social. Pero la calidad de los servicios era mala y no había opciones: se aceptaba lo que se ofrecía. El desarrollo humano se define como «la ampliación de las opciones de la gente», que sólo se puede dar con la democratización y el crecimiento económico. Los procesos políticos y económicos actuales tienen el fin de sentar las bases para el desarrollo humano a largo plazo, pero por ahora, las opciones sólo son potenciales.

La Constitución de 1991 garantiza la mayor variedad posible de derechos sociales, pero el Estado no tiene los medios para aplicarlos. El Estado tuvo que renunciar a sus obligaciones constitucionales cuando la constitución comenzó a regir. Ya que los políticos ni las ONG están preparados para modificar la constitución, ésta se mantendrá (por conveniencia) y aunque nadie la cumpla, con el resultado de que la gente no confía en el imperio de la ley.

El gobierno, aunque quiera, no tiene recursos para prestar servicios sociales; así que pide al pueblo que sea «razonable» e intente superar las dificultades por su cuenta. Suponiendo que el gobierno brindara los servicios si pudiera, las ONG deben seguir ejerciendo la defensa de los grupos marginados y vulnerables y procurar que no se pierdan oportunidades para el desarrollo social y la equidad.

Los cambios en Bulgaria crearon un marco nuevo de responsabilidad con respecto a los compromisos internacionales del país. Pero la poca continuidad entre los gobiernos hace que, con frecuencia, se olviden las obligaciones. Las prioridades gubernamentales actuales son la incorporación a la Unión Europea y la reforma monetaria. Los compromisos asumidos en Copenhague y Beijing nunca fueron prioridad del gobierno.

Referencias

Bulgaria 2001 – Programa del Gobierno de la República de Bulgaria, 1997.

Programa Nacional de Desarrollo Social (seguimiento a la Declaración y el Programa de Acción de Desarrollo Social, Copenhague), 1996.

Plan Nacional de Acción (para implementar los compromisos de la República de Bulgaria asumidos en la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing).

PNUD. 1998. Informe de desarrollo nacional humano, Bulgaria.

OIT/PNUD. 1998. Pobreza en transición, Bulgaria.

OIT/PNUD. 1998. Mujeres en pobreza, Bulgaria.

PNUD. Bulgaria 1995: Situación de las mujeres.

Este informe fue elaborado con la contribución y aportes de las siguientes personas:

  • Teodora Noncheva (Centro de Estudio de la Democracia).
  • Stanimira Hadghimitova (Fundación «Proyecto de Género para Bulgaria»).
  • Hristo Hristozov (Asociación «Jurisprudencia Europea»).
  • Genoveva Tisheva (Centro Búlgaro de Derechos Humanos).
  • Radosveta Stamenkova (Asociación Búlgara de Planificación Familiar).
  • Iskra Beleva (Academia de Ciencias Búlgara, Instituto de Estudios Económicos).
  • Liliya Dimova (Agencia de Análisis Social).
  • Roman Dimitrov (Red Europea de Escuelas para Fortalecer la Salud)
  • Tsvetina Arsova (Campaña contra VIH).
  • Desislava Bidgeva (USAID).
  • Maria Petkova (OSF).
  • Regina Indshewa (Centro de Recursos de la Mujer).
  • Maria Tchomarova (Asociación Animus).
  • Vera Dakova (Programa Bulgaria 1998).
  • Plamenka Markova (OIT).

Tratados internacionales sobre Derechos Humanos
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