Una economía en coma

Ray Onyegu; Shola Akinbode; Basil Ugochukwu; Josephine Chukwuma.
Shelter Rights Initiative

Pese a las declaraciones de buenas intenciones contenidas en los objetivos de las políticas, la economía está en un estado crítico, donde se conjugan la depreciación del naira, la fuerte reducción presupuestaria, el peso de la deuda, el altísimo desempleo, el drástico recorte a la inversión, la especulación bancaria y la falta de transparencia.

Nigeria es el sexto productor de petróleo del mundo. El precio del crudo, sostén de la economía nigeriana ya que constituye más de 90% de su ingreso anual, colapsó, el presupuesto propuesto para 2002 es 30% inferior al de 2001 y el peso de la deuda externa agrava la situación.

Funcionarios del gobierno nigeriano discrepan con las principales instituciones financieras, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Club de París, acerca del tamaño real de la deuda. El presidente Obasanjo afirma que la deuda nigeriana asciende a USD 22.000 millones. Sin embargo, según las cuentas de su Vicepresidente y Ministro de Finanzas, Nigeria debe a sus acreedores USD 28.000 millones. El FMI, a través de su Director de Asuntos Africanos, G.E. Gondwe, insiste que Nigeria debe USD 32.000 millones. En todo caso, y entre tanto,  Nigeria ya ha pagado USD 17.000 millones y gastó USD 1.300 millones en 2001 sólo en el pago de los intereses.

Una característica terrible de la deuda externa son los intereses y sanciones ligados a ella. Las sanciones se acumulan si vencen los intereses y no se pagan. Cuando esto ocurre, los pagos subsiguientes son utilizados para pagar la sanción, mientras los intereses siguen sin pagarse. Esto hace que ningún país deudor del Tercer Mundo pueda pagar jamás la totalidad de su deuda. Esta situación perjudica a la economía y sus ciudadanos siguen siendo víctimas de las maniobras del Banco Mundial, el FMI y el Club de París, mientras los fondos no están disponibles para el desarrollo en Nigeria.

Presupuestos: del dicho al hecho...

Los presupuestos nacionales de los últimos diez años mantienen ciertas inobjetables metas y políticas en común, a saber:

  • Reducir la pobreza fomentando oportunidades de creación de empleo;
  • Alcanzar un alto crecimiento económico mediante una mejor movilización y un uso prudente de los recursos económicos;
  • Formar una economía fuerte alentando la participación del sector privado;
  • Asegurar una buena gestión de gobierno transformando la administración del desarrollo en un sistema orientado a los servicios y resultados.

Sin embargo, del dicho al hecho hay un largo trecho. Más allá de la letra, los medios para su consecución, es decir, las partidas presupuestales, muestran un panorama muy distinto. Las buenas intenciones no se pueden equiparar con acciones porque la economía, durante el lapso de referencia, sigue en coma. El valor de la moneda nacional, el naira, ha disminuido. Cuando el gobierno del presidente Olusegun Obasanjo llegó al poder en 1999, el tipo de cambio era de NGN 85 por USD1. Dos años después en 2001, el naira se había depreciado tanto que con USD1 se podía comprar NGN 114,5 en los mercados oficiales y NGN 138 en el mercado paralelo.[1]

Recorte presupuestal e inversión improductiva

La economía se caracteriza por una tasa de inflación moderada, altas tasas de interés, baja utilización de la capacidad productiva y un altísimo desempleo. La economía necesita políticas expansivas para estimular el crecimiento económico y generar empleos. Pero el presupuesto de 2002 propone un tremendo recorte de 38% en el gasto de capital con respecto al nivel de 2001. Agréguese a esto las enormes partidas de NGN 49.600 millones para el ejército (en tiempos de paz), NGN 28.400 millones a la presidencia, y NGN 10.000 millones para el Proyecto Nacional de Cédula de Identidad. Todos estos son sectores improductivos, por lo que se plantean las siguientes interrogantes: ¿Cuánta inversión real tiene Nigeria? ¿Cuál será la fuente de crecimiento económico? ¿Y de dónde surgirán los nuevos empleos?

Analicemos el problema desde otra perspectiva. Con gastos de capital en 2001 de NGN 414.000 millones, la economía no llegó ni cerca al objetivo de crecimiento de 5%. Con una contracción de 38% del presupuesto de 2002, esperar esa tasa de crecimiento sería mucho desear, por lo menos.

Cabe señalar que, aunque se presupuestaron NGN 414.000 millones en 2001 para gasto de capital, en realidad sólo se entregó la partida del primer trimestre; en el segundo trimestre sólo se registró un desembolso de 50%. En 2002 se recortaron drásticamente los gastos de capital. Eso sugiere el temor de que el gasto de capital disparará la inflación. El gobierno aparentemente optó por sacrificar la expansión de la economía y el empleo para controlar la inflación. Esta es una política cortoplacista, ya que gran parte del gasto improductivo se trasladó al personal, la defensa, la presidencia y el Proyecto Nacional de Cédula de Identidad. En otras palabras, la perspectiva de una inflación desenfrenada surge como más posible.

Falta de transparencia: la oportunidad para malversar fondos

El mayor problema que enfrenta el proceso presupuestal en Nigeria es su administración. Increíblemente, el Ministro de Finanzas dijo a los legisladores de la Asamblea Nacional que había desembolsado 80% de los fondos designados, y pocos minutos después dijo a los corresponsales de prensa de dicha Asamblea que había desembolsado sólo 58% de los fondos. De la misma manera, las cifras que él presentó como desembolsos a los ministerios diferían sustancialmente con lo que los ministros declararon haber recibido. Asimismo, los registros de la Asamblea Nacional revelaron que la partida al Ministerio de Obras y Vivienda ascendía a NGN 94.000 millones, mientras los registros del ministro indicaban una partida de NGN 74.000 millones. ¿Si las partidas presupuestales están en duda, entonces qué sucede con los ingresos? ¿Es posible en este clima de incertidumbre saber con exactitud cuántos ingresos recauda el gobierno? Este es el quid del problema: la falta de transparencia. La aparente confusión crea el espacio para la malversación de los fondos.

¿Por qué el poder ejecutivo no presta atención a los proyectos de ley de asignación de recursos? Luego de que la Asamblea Nacional pasa por todo el proceso de discutir y aprobar los proyectos, el poder ejecutivo los archiva y aplica el presupuesto a su antojo. Por ejemplo, en lugar de la partida de NGN 20.500 millones para la defensa en el presupuesto de 2001, el poder ejecutivo entregó NGN 31.400 millones. En otros casos se entregaron menos del 50% de los fondos asignados. Sucedió en 2000, sucedió en 2001 y volverá a suceder en 2002. ¿Por qué? Si los ingresos presupuestados no se realizan, o si el gobierno teme que pueda agravar la crisis de liquidez, debe informarse a la Asamblea Nacional.

Mientras el gobierno procura construir una economía fuerte, parece raro que no se preste atención a las disposiciones vigentes del tipo de cambio. El presupuesto señala la necesidad de estabilizar el tipo de cambio; pero de mayor relevancia es la estandarización de las reglas de tipo de cambio. La existencia de dos tipos de cambio muy diferentes dio pie a una enorme especulación bancaria, una práctica que generó una enorme riqueza en los bancos, sin trabajar.

¿Qué pobreza estamos reduciendo?

Es inútil hablar de proyectar una mayor utilización de la capacidad industrial, crear empleos nuevos, incentivar la agricultura y las pequeñas y medianas empresas sin tomar las medidas necesarias para controlar el dumping mayorista de productos fabricados en el exterior en nuestro mercado nacional. Estos productos extranjeros están sumamente subsidiados, y sus productores son más eficientes como consecuencia de una infraestructura e insumos superiores. Nuestros productores nacionales, al no tener dichos medios, están en desventaja y no pueden competir; las importaciones baratas los dejan fuera de juego con facilidad. Seguir manteniendo nuestras fronteras abiertas a todo tipo de importaciones en cumplimiento con la OMC es exponer al pueblo nigeriano a la explotación económica.

La mayor traición que padeció el pueblo nigeriano en el presupuesto propuesto para 2002 se encuentra en las partidas para la agricultura. Aunque la agricultura nigeriana ha sido descuidada y está en mal estado, sigue contribuyendo con la mayor parte de los puestos de trabajo y del PBI (33%). Como uno de los objetivos cardenales del presupuesto de 2002 es la reducción de la pobreza, se esperaría que la partida para la agricultura reflejara esta intención. En su lugar, hallamos que lo asignado a la agricultura asciende sólo a NGN 3.800 millones, aproximadamente un tercio de lo asignado a ese elefante blanco, ese barril sin fondo, que es el Proyecto Nacional de Cédula de Identidad, que no tiene ninguna utilidad para los nigerianos que pasan hambre.

Como señal a los nigerianos pobres de que no tendrán respiro en 2002, el gobierno ahora pretende venderle petróleo crudo a NNPC [2] al precio internacional de USD 18 por barril. Eso significa que, llegado 2002, los nigerianos deberán prepararse para soportar un precio de venta de la gasolina a NGN 40 por litro.

Ante todo esto, ¿qué pobreza estamos reduciendo?

El temor al gasto de capital muestra una inclinación por el punto de vista económico “monetarista”. Como defensores de derechos humanos, no tenemos ninguna duda a la hora de situarnos junto a quienes defienden al Estado de bienestar frente a los monetaristas. Sencillamente es una cuestión de equidad que la gente tenga empleo; la inflación se puede contener.

Notas:

[1] Mientras se redactaba este informe, el tipo de cambio oficial equivalía a USD 1=NGN 114.

[2] En 1971, Nigeria entró a formar parte de la OPEP y, de acuerdo a resoluciones de esa organización, se creó la Corporación Nigeriana de Petróleo Nacional (Nigerian National Oil Corporation, NNOC), que en 1977 se convirtió en Nigerian National Petroleum Corporation, NNPC. Este gigante paraestatal, con todas sus compañías subsidiarias, controla y domina todos los sectores de la industria petrolífera del país.

Ray Onyegu trabaja con Shelter Rights Initiative y es coordinador de Social Watch Nigeria; Shola Akinbode integra el Legal Research and Resource Development Centre; Basil Ugochukwu pertenece al Legal Defence Centre; y Josephine Chukwuma representa a Project Alert for Women’s Rights.

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