En Uruguay las mujeres con estudios terciarios ganan 25% menos que los hombres

En Uruguay las mujeres con estudios universitarios completos ganan 25% menos que los hombres con ese nivel de estudios, según la investigación “Desigualdades persistentes: mercado de trabajo, calificación y género” del Programa de Nacional Unidas para el Desarrollo. La investigación sostiene que “en las últimas tres décadas aumentó la participación de las mujeres en el mercado de trabajo” y que “las mujeres con mayor nivel educativo tienen tasas de actividad y de ocupación mayores que el resto y más similares a las de los hombres”. “No obstante, la diferencia de horas trabajadas entre los sexos se mantiene incambiada, y la brecha de ingresos, si bien se ha reducido, lo ha hecho en menor medida en el segmento con educación terciaria”, agrega. "Los factores que contribuyen a explicar las diferencias salariales que implican desventajas para las trabajadoras de nivel terciario están dados por el sexo del individuo y la segregación según tipo de ocupación y rama de actividad, que se superponen".

La investigación resalta que "si bien los avances educativos son de suma importancia para disminuir la discriminación por razones de sexo y mejorar las oportunidades laborales, no resultan suficientes para reducir o eliminar las brechas salariales de género. La segregación laboral de género junto con el hecho de ser mujer contribuyen ampliamente a explicar la brecha salarial.

Las ventajas que presenta el empleo femenino con estudios terciarios se ven limitadas por las restricciones para avanzar en estudios de posgrado al mismo ritmo que los hombres, no alcanzar las ocupaciones de mayor jerarquía y concentrarse en campos disciplinarios considerados tradicionalmente femeninos. Por ello, cuando las mujeres ingresan al mercado laboral, tienden a hacerlo en puestos de trabajo correspondientes a ocupaciones relativamente devaluadas en términos de remuneraciones promedio.

Dados estos resultados, las implicaciones de políticas públicas se dirigen tanto a la oferta como a la demanda. Respecto a la oferta, es claro que los factores culturales —lo que se entiende como habilidades naturales de mujeres u hombres, las expectativas de trayectorias laborales, las aspiraciones respecto al peso de la vida familiar y la carga de trabajo doméstico y de cuidados— pesan a la hora de elegir las carreras profesionales o tecnicaturas. Esto significa que las mujeres y los hombres tienen diferentes puntos de partida —determinados en buena parte por la discriminación en diferentes ámbitos— y que, por tanto, las políticas públicas que promuevan medidas de acción positiva deben procurar reequilibrar las desigualdades de partida.

Ello plantea la necesidad de modificar patrones de género mediante campañas educativas que promuevan la igualdad en todos los grados de enseñanza, especialmente en las instituciones de enseñanza técnica, incluyendo, por ejemplo, la información a las jóvenes y la capacitación a docentes y personal escolar para que reconozcan y eviten los estereotipos. Desde el punto de vista práctico y de la vida cotidiana, sería imprescindible avanzar en el desarrollo de un sistema de cuidados que promueva la redistribución de roles y responsabilidades en la atención de la población dependiente (ya sea por edad o discapacidad) entre el Estado, la familia y el mercado, y entre hombres y mujeres.

Por el lado de la demanda, se considera importante promover la contratación basada en certificaciones, los concursos, los procesos de ascenso por méritos, las políticas de capacitación y actualización dirigidas a mujeres, tales como cursos para fomentar el acceso y la permanencia en trabajos mayoritariamente masculinos y las medidas de promoción específicas para ocupar puestos de responsabilidad."

Fuente: Uruguay, El futuro en foco, Cuadernos sobre desarrollo Humano. Desigualdades persistentes: Mercado de Trabajo, Calificación y Género, PNUD Uruguay.

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