Dialécticas cruzadas en el Perú de Ollanta Humala

Por Enrique Fernández-Maldonado Mujica

La victoria de Ollanta Humala abre un ciclo político clave para el Perú y la región. Por primera vez en nuestra historia una alianza compuesta por sectores nacionalistas, izquierdistas, movimientos sociales (con apoyo del centro- derecha) llega al gobierno por la vía democrática. Del “éxito” del próximo gobierno dependerá en gran medida la legitimidad futura de la izquierda política en el país.

A nivel interno el gobierno de Gana Perú deberá enfrentar diversos retos. Uno primero está relacionado con garantizar la estabilidad política en un contexto de crecimiento económico e intensificación de las demandas populares por redistribución e inclusión social. En paralelo deberá dar señales claras en la lucha contra el narcotráfico, la corrupción y la seguridad interna.

Tales tareas exigen concretar una agenda de reformas político-institucionales orientadas a modernizar el funcionamiento estatal para garantizar una adecuada implementación de la política social y económica. Una mayoría en el Congreso –de concretarse la eventual alianza entre Gana Perú y Perú Posible– podría facilitar las reformas constitucionales necesarias para modernizar el rol del Estado, si bien no es este el único frente por cubrir.

Implementar la agenda de cambios ofrecida en campaña no será fácil. Los niveles de violencia social y mediática alcanzados los últimos meses traslucen la gravedad de los intereses en juego y el tipo de oposición que deberá enfrentar el gobierno entrante.

La parcialización de los medios de comunicación a favor de la candidatura defensora del modelo económico –junto con los cuestionamientos tempranos a la nueva alcaldesa de Lima, Susana Villarán–, auguran un clima social poselectoral “sensible” a los esfuerzos reformistas emprendidos desde distintos niveles de la institucionalidad estatal. El mismo día de la elección voceros de la derecha económica y de los partidos perdedores esbozaban una hoja de ruta “para la gobernabilidad” del país. No tardarán los movimientos sociales en plantear lo suyo.

Existen una serie de medidas que pueden contribuir a fijar la orientación que seguirá el nuevo gobierno en los próximos cinco años.

Entre las medidas más importantes –y resistidas por el poder económico– está la aplicación de una reforma tributaria progresiva. Su implementación permitiría atender parte de los ofrecimientos electorales que llevaron a Ollanta Humala a ganar las elecciones.

Los consensos y compromisos asumidos por el nuevo gobierno en torno al equilibrio fiscal lo obligan a ampliar la base tributaria con impuestos directos a las ganancias. El establecimiento de retenciones móviles en la minería –en un contexto de expansión de los precios internacionales–será fundamental para financiar una serie de políticas sociales (Pensión 65, Cuna Más, Beca 18, extensión del programa Juntos) necesarias para avanzar en la reducción de la desigualdad social y la pobreza.

En el ámbito de la geopolítica regional, Gana Perú se sumaría –aunque tarde– al conjunto de gobiernos “posneoliberales” nucleados en torno al Mercosur. La victoria de Ollanta Humala aparece como una cuña en los esfuerzos de Estados Unidos por consolidar un área de libre comercio en el Pacífico.

Queda por ver cómo enfrentará Washington –y también Itamaraty– el nuevo escenario político en el Perú. La cercanía u oposición de ambas potencias al entonces candidato nacionalista puede ser un anticipo de lo que se viene en la región.

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