En Hungría, la fijación de objetivos para 2030 no está determinada tanto por los ODS como por la propuesta del objetivo mucho más simple de alcanzar a Austria para esa fecha, tal como lo propuso el Banco Central de Hungría (MNB). Cuando Austria-Hungría se separó, hace un siglo, el ingreso nacional húngaro per cápita era un 85 por ciento del de Austria. En 2015, según datos del Banco Mundial, el ingreso per cápita de Hungría, medido en paridad de poder adquisitivo, era aproximadamente la mitad del de su vecino.

Las proyecciones optimistas del MNB se basan en el supuesto de que continúan las altas tasas de crecimiento actuales de más del 4 por ciento anual, duplicando los salarios nominales y asegurando el pleno empleo.

Guatemala tiene un desempeño macroeconómico admirable, con décadas de crecimiento económico continuo, baja inflación, déficit pequeño y una deuda pública total de menos de una cuarta parte del PIB. Sin embargo, el informe alternativo de ODS de CONGCOOP (Coordinación de ONG y Cooperativas) muestra la coexistencia de esas envidiables figuras con «el abandono de la clase media, los pobres y los pueblos indígenas» como resultado de una «concentración masiva de activos productivos, comenzando con la tierra». La desigualdad de ingresos ha alcanzado un índice de Gini de 0.53, el más alto de Centroamérica y uno de los peores del mundo. Si bien la economía está en auge, gracias a las exportaciones agrícolas y las remesas de los migrantes, la pobreza afectaba al 59 por ciento de la población en 2018 (frente al 51% en 2006) y la pobreza extrema al 23 por ciento.

El impacto del cambio climático se está sintiendo en todo el mundo. Nadie escapa a sus efectos, pero los pobres en los países en desarrollo se llevan la peor parte. No es justo que aquellos que no han contribuido al problema del cambio climático sean los que más sufran y que, incluso a veces, paguen con sus vidas, sostiene Indrajit Bose, investigador de Third World Network (TWN). El mundo desarrollado, responsable histórico del cambio climático, tiene que asumir sus responsabilidades y cumplir sus compromisos de larga data para reducir las emisiones y facilitar a los países en desarrollo los medios financieros y tecnológicos así como los conocimientos y recursos necesarios para enfrentarse al cambio climático.

Después de 10 sesiones semestrales y un mes de consulta abierta, el Grupo Interagencial y de Expertos sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (IAEG-SDG por su sigla en inglés) ha logrado importantes avances hacia la finalización de su marco de indicadores globales para medir el progreso a nivel mundial hacia los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus 169 metas. El Grupo ha acordado algunos indicadores adicionales, incluidos algunos reclamados desde hace tiempo por las organizaciones de la sociedad civil, y ha actualizado o reemplazado los indicadores estancados en el Nivel III, una demanda continua de los Estados miembros.

¿Finlandia y Noruega son un modelo a seguir si se quiere lograr un desarrollo sostenible o un ejemplo de malas prácticas a evitar? Todo depende de a quién le preguntes.

Los dos países nórdicos figuran entre los diez primeros en el Índice Global de ODS, publicado en septiembre pasado por Bertelsmann Stiftung y la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible (BS-SDGI).1 Pero se encuentran entre los 10 peores en el Índice de Desarrollo Sostenible (JH-SDI) publicado por el antropólogo Jason Hickel en la edición de enero de 2020 del Ecological Economics Journal.2

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