La UE prepara un plan de ayuda a sus socios. Pero los fondos de cooperación que pueda poner a disposición no alcanzan en América Latina. La verdadera ayuda pasaría por negociar la deuda, dicen especialistas.

Los Estados Miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AG) han adoptado por consenso una Resolución (A/RES/74/270) sobre COVID-19 que pide "cooperación internacional" y "multilateralismo". La resolución reconoce los "efectos sin precedentes que tiene la pandemia, incluida la grave disrupción de las sociedades y las economías, así como de los viajes y el comercio a nivel mundial, y su impacto devastador en los medios de vida de las personas". Pide "que se intensifique la cooperación internacional para contener, mitigar y derrotar la pandemia, entre otras cosas intercambiando información, conocimientos científicos y mejores prácticas". Exhorta a " respetar plenamente los derechos humanos" y afirma que "en la respuesta a la pandemia no hay cabida para ninguna forma de discriminación, racismo ni xenofobia".

En una sesión informativa sobre COVID-19, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres declaró: “Estamos en una situación sin precedentes y ya no se aplican las reglas de siempre. No podemos recurrir a las herramientas usuales en tiempos tan inusuales”.

El llamado del Secretario General para un alto el fuego global a la luz de la pandemia de COVID-19 ya ha obtenido un apoyo significativo, incluso de los Estados miembros y de las organizaciones de la sociedad civil, recibiendo más de 2 millones de firmas.

Además de los aspectos sanitarios, la crisis mundial de coronavirus también tiene consecuencias financieras, socioeconómicas y de desarrollo. Por esta razón, los gobiernos y las organizaciones internacionales han anunciado una gran cantidad de medidas  políticas, por un lado para contener la pandemia, por el otro para mitigar las consecuencias económicas.

Estas medidas contienen, por ejemplo, estímulos fiscales y paquetes de ayuda de varias formas y tamaños, destinados a amortiguar las graves consecuencias económicas y sociales del brote de coronavirus en todo el mundo. Los principales grupos beneficiados por los préstamos e inyecciones de efectivo planificados son el sistema de salud, así como los bancos y las empresas más grandes.

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